Se levanta una leve sospecha de conmoción en ese diminuto cuerpo cuando siente el fuerte ruido de la puerta que se abre y azota fuertemente el marco de madera. Todas las vibraciones se acercan velozmente a sus patas y su cabeza se agita temblando. No es tanto se dice, porque cuando es peor, cuando terremotea, cuando la tierra se levanta como si acabase de ser nacida, nada puede evitar su miedo; ni un salto al abismo ni sostenerse en una red elástica con la que captura sus alimentos.