Edipo, el hombre que había matado a su padre -pero no lo sabía- sabía que si seguia por ese camino se enfrentaría a ese ser extraño que el reino de egipto había enviado a asolar la zona. Dado que el pueblo de Tebas se negaba tajantemente a negociar con un pueblo asolado por el misticismo.
Desde las remotas tierras del interior de la antigüa África la partida de los mejores cazadores de faraón fueron en búsqueda de esas criaturas míticas, se decía que eran las madres de todos los felinos, pero su ferocidad era multiplicada por un millón. Las esfinges, reinas de la sábana, eran las bestias más difíciles de cazar, la idea de capturarlas vivas era completamente inaudita. Pero eso fue lo que dictaminó el sacerdote de Horus, para someter ese pueblo tan extraño al otro lado del mar, el que fundó el legendario Cadmo, debían de condenarlos a encontrarse con la bestia más temible de esa época.