El dilema de contar o no la verdad acerca de lo que pienso se basa en que
creo que solo podría a llegar a ser una mera transfiguración de la realidad
que invento para poder soportar, para evadir la angustia. Es mi secreto y, si
se escapa de mi boca, dejaría de serlo; debería construirme otro secreto, hacerme
otro invento de mí mismo.