Se dan los tiempos para reflexionar y actuar, tal vez no desesperar por el futuro siniestro, sino pensar que hacer para que deje de serlo. Darle una segunda vuelta al inmenso tejido social que hemos ido elaborando con el paso del tiempo, hacernos concientes de que existe, que es lo único que nos queda y que nos hará prevalecer. No es hora de lágrimas amargas ni sonrisas tristes, es hora de saber que existimos por nosotros mismos y con los otros.