La poca esperanza de tener buenos resultados desapareció porque comenzaron a llegar aquel día viernes por la tarde. Los atendió uno a uno, a los tres, y su ánimo comenzo a mejorar. Había esperado unas cuantas semanas desde que puso el aviso, pequeño en un recuadro al costado derecho de la página de uno de los diarios más leídos, para que se interesase gente en su proyecto fabuloso de atravesar caminando el polo sur.
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viernes, 7 de septiembre de 2012
jueves, 9 de agosto de 2012
La historia de un pueblo grande.

La historia de mi pueblo no está escriba con esos signos que ustedes cuidan tanto, nosotros la llevamos como una gran mochila que nos da alas y otras visiones a las que ustedes no acceden. El pasado está con nosotros, y los grandes señores que guiaron a mi pueblo conversan cada día en nuestro cotidiano.
Eramos los maestros de las bestias, cada uno lograba entenderse con una especie y conectarse con su ciclo natural, así nosotros podíamos conversar con la naturaleza, ocuparla, protegerla y protegernos. Los ritmos eran distintos, las paisajes, las miradas. Era un pueblo que sabía lo que hacía.
Y todos los días salía a bailar y coger los alimentos e iluminarse con tanta maravilla constante. Todos vivían del contacto con la tierra y sus avatares. Algunos aprendían los rugidos, balidos, todos los sonidos con que cada animal podía decirlo todo. Otros buscaban las palabras para llevar historias de las rocas más bellas. Otros contaban como crecían los árboles, como florecían las plantas, como nacían los frutos, cada detalle. Eso, grandes detallistas todos que podían solazarse contando sus propios mundos, ese era su poder.
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